viernes, 20 de julio de 2012

Cerrando el círculo:


  Gerez, su ayudante de cátedra y colaborador de siempre, le aportó la información que le había solicitado.  Ferranti no podía dejar de sorprenderse con los resultados: los cruces de las comunicaciones telefónicas, las publicaciones periodísticas. Especialmente una ,que recortó y guardo para el momento adecuado; continuaban afirmando su principal hipótesis.  Había llegado la hora de ir a fondo, era necesario contactar a Quiroz y a Hernán.
   Comenzó por el Comisario, no fue fácil obtener la reunión, tuvo que  amenazarlo solapadamente para poder acceder a un nuevo encuentro.  Prefirieron un lugar público: acordaron verse en café Brown.
  Al inicio, Quiroz se mostraba distante y tenía evidentes intenciones de mantenerse a la defensiva, suponía que en la última oportunidad se podría “haber ido de boca”.  De todas formas no era ningún tonto y también había hecho su trabajo para averiguar los puntos sensibles de su adversario.    Tenía un dato, que no pudo confirmar, por eso lo reservaría como último recurso. Si esto fuera verdadero sabía que  la sola mención de un apellido lograría inmovilizar a Ferranti.
   Luca manejó sutil y hábilmente los tiempos.  Como un director dirige a su orquesta, fue deslizándose suavemente desde un “Pianissimo” hacía un “Mezzopiano”, luego aceleraba hasta un “Forte”, iba a fondo y ejecutaba un toque “Fortíssimo” y retomaba nuevamente la calma.  Quiroz estaba habituado a los interrogatorios más duros y violentos, la diferencia consistía en que siempre era él  quien los conducía;  ahora los roles estaban invertidos.
    El instante más tenso se produjo cuando Ferranti refirió tener un informante quien le habría suministrado datos sobre actividades de prostitución regenteadas por el propio Comisario. En otro momento la reacción inmediata de Quiroz hubiera sido, por lo menos, la de abandonar el lugar haciéndose el ofendido.  Sabía que esa estrategia no funcionaría esta vez. Guardaba, celosamente, el dato que podría herir de muerte al interrogador pero no podía utilizarlo hasta tener la confirmación.  Decidió desviar la atención hacia otro tema,  fue entonces cuando intentó sembrar la duda sugiriéndole a Ferranti que, así como lo había investigado a él, hiciera lo propio con Hernán; que al igual que su padre también tenía cosas ocultas y motivos suficientes para esconderse.  Cerró su posición recordándole que el asesinato se había producido con su auto y no con el de Carlos, con lo cual él podría haber sido una posible víctima y no victimario.  Esto no era nada nuevo para Luca que ya  consideraba seriamente la posibilidad de que el crimen hubiera sido producto de un error. Lo que sí comenzaba a tener validez era la aparición de Hernán como conexión común de todos los hechos. 
   Después del segundo café y dos horas de duelo verbal se despidieron tan desafiantemente como la ocasión se los permitió, cada uno continuaría desarrollando su estrategia a su modo y con sus habilidades,.
   Ahora que había jugado la carta del informante debería continuar manteniendo a Yamila alejada y le parecía que lo ideal para ella sería quedarse unos días más en lo de Claudia.  La llamó y le pidió que permaneciera allí durante otro período, también le solicitó que lo tuviera al tanto  de cualquier aparición o contacto de Hernán. Ella se alegró de permanecer en la casa y se sintió útil colaborando en el caso.
    Al escuchar el nombre del interlocutor en boca de Yamila, Claudia  le pidió que le pasara el teléfono.  Al iniciar la  conversación con Luca  no pudo evitar expresarle sus deseos de verlo y su preocupación por la prolongada ausencia de Hernán. Acordaron encontrarse, por la noche, en el departamento; allí charlarían  sobre el avance de las investigaciones. 
La recepción la decepcionó. Desconcertada, comenzó expresando la preocupación por su hermano, Luca  lamentó no tener información sobre su paradero.  Al rato una llamada telefónica interrumpió la aproximación que había comenzado a intentar, era Yamila; había visto entrar a Hernán quien apurado estaba preparando alguna de sus pertenencias.  Había que actuar con rapidez.  Antes de cortar Luca le recomendó que por ningún motivo saliera de su habitación y, luego, le pidió a Claudia que lo llevara rápidamente hasta su domicilio.  La joven preguntó que sucedía, ante la falta de respuesta se limitó a cumplir con lo pedido. En el trayecto Ferranti  se comunicó con Quiroz y le pidió que se dirigiera urgentemente a la casa de los Franchini.  Claudia no entendía nada pero optó por no preguntar.  Lo que notaba era un cambio en la actitud de su acompañante, lucía firmemente resuelto en sus decisiones.  Parecía tener perfectamente claro su objetivo y los pasos a seguir para lograrlo… 

domingo, 15 de julio de 2012

Los primeros resultados de la investigación

Luca ocultó el hecho de que Hernán no estaba en su casa.  Por las dudas, llamó a Claudia quien lo suponía en la academia, ya que desde su ingreso no había tenido noticias de él. Igualmente, trataría de ubicarlo.

¿Qué estaba sucediendo? ¿Claudia o Hernán podrían estar ocultando información? ¿Habría pasado algo con Hernán? ¿Sería una nueva víctima?

  Había disparado una investigación a través de sus contactos habituales. Comenzaba a rendir sus frutos. Alguien le había informado que la persona de asuntos internos que aparecía en la agenda, era un oficial que estaba investigando el Polad.  Esta sigla significaba Policía Adicional y era el  sistema mediante el cual la policía prestaba seguridad en estadios, recitales, espectáculos públicos…  Las comisarías recaudaban directamente lo obtenido por la prestación de estos servicios.  La línea de la investigación, había detectado el manejo que cada comisario realizaba.  Éste consistía en facturar más hombres que los que realmente efectuaban el trabajo.  Se había hecho un control consistente en sumar las horas de prestación de servicios de cada agente y en muchos casos, los resultados de dicha suma, muchas veces llegaba al doble o más, del total de horas mensuales. La estadística confeccionada había dado a la Comisaría de Franchini el primer puesto y a la de Quiroz, el segundo en el orden de sobrefacturación de servicios.
  
   Otro de los pasos concretado había sido la entrevista obtenida con el asesor financiero.  Luca había logrado conseguir la información presentándose como amigo y socio en algunos negocios del Comisario de Monte Grande.  Se había ganado la confianza de su interlocutor al describir con detalle la casa de Carlos y a su familia.  También sugirió hábilmente haber colaborado en mantener en secreto su relación con Amanda.  Fue así como obtuvo del profesional algunos aportes en relación a alternativas de inversión e ideas para “blanquear” dinero.  Le sugería tomar como ejemplo a Carlos.  Entre otras, mencionó “donaciones” a parroquias, compra de billetes de lotería premiados...

   Luca supo en ese momento que estaba cerca del fin.  Ahora, su investigación se desencadenaría velozmente hacía la resolución.  Así se lo indicaba su experiencia.  Le faltaba recrear las actividades que posiblemente realizara Carlos.  Procuraría comprar un billete premiado, ubicar a Hernán y  presionar a Quiroz (ahora contaba con información que le permitiría hacerlo con algunas posibilidades de éxito).
   Obviamente, no logró nada por vía telefónica.  Por suerte, la mención de Carlos le había permitido al menos conseguir un encuentro personal con Juan Amado.  Esa misma tarde se encontraron en el Café Las Delicias.  No resultó tan dificultoso establecer la línea de comercialización de los billetes.  La operatoria era muy simple.  Amado brindaba información y contactaba a los interesados con el encargado de los archivos. Sólo éste tenía acceso a los billetes. Guardaba los premiados y cada tanto, rescataba alguno que otro para la venta.  Ahora Luca sabía con detalle cómo se blanqueaba el dinero obtenido a través de las sobrefacturaciones del Polad y de otros posibles ingresos provenientes de actividades paralelas.

   Tal como estaba previsto, por la tarde, Yamila se acercó hasta lo de Luca respondiendo a su convocatoria. Ella, cumpliendo con el pedido de Luca, había estado atenta a los movimientos de la casa. La charla se prolongó. Él le preguntó qué había averiguado acerca de Carlos o las actividades que realizaba.  Yamila no sabía mucho, pero sí pudo deducir la desigualdad entre el nivel de vida de la familia y el promedio de ingresos de su actividad. Habló de una familia casi normal, con buenas relaciones entre sus miembros.  Destacó los horarios en los que se manejaba Carlos que siempre excedían los de su trabajo.  Por su experiencia, dedujo que las demoras se originaban en alguna relación extramatrimonial, en negocios turbios, o en ambas cosas.  El otro que seguía sus pasos era Hernán.  Lo más extraño era que se movilizaba con demasiada libertad, sobre todo en horarios de clases.  Solía pasar fugazmente por la casa, generalmente para hacer llamadas telefónicas y picar algo.  Esto podía darse dos o tres veces en el mismo día.  Yamila suponía que contaba con ciertas facilidades con que contaba en la escuela, dada la posición de su padre dentro de la Fuerza. Luca puso especial dedicación en obtener más datos sobre la comisaría de Quiroz.  No sabía exactamente por qué pero su instinto le indicaba que por allí pasaba un hilo conductor hacia la resolución del caso.   La sola mención del tema despertó la preocupación de Yamila quien recordó haber visto a distancia al Comisario y sentir a partir de allí, la necesidad de tomar algún recaudo.  Hábilmente el investigador aprovechó esta circunstancia para pedirle a su interlocutora que justificara esa necesidad, (con la información que él disponía hasta el momento no podría hacer demasiado).   Allí, Yamila se quebró y en medio de un llanto relató lo ocurrido con quien llegara a ser su mejor amiga: “La Turca”, y comentó que en el ambiente se señalaba como mayor sospechoso al Comisario Quiroz.  (En realidad nadie tenía dudas de esto ya que todos sabían de las actividades mafiosas del mismo).  Luca se sintió más que conforme con esta información,  no porque permitiera resolver nada, sino porque le había dado un elemento importantísimo para presionar al Comisario cuando lo entrevistase. Luego de tranquilizarla, le agradeció los aportes, prometió sacarla de todo eso y terminar de resolver el caso de su mejor amiga, tal como ella le había pedido. Además, le indicó volver a la casa para preparar sus pertenencias e instalarse en su departamento hasta que pudiera reubicarla.

viernes, 6 de julio de 2012

Las claves de la investigación:

  
    Luca  a pedido de Claudia, se hizo depositario de la agenda encontrada en la caja de seguridad. 
Inició el trabajo sobre ella con la meticulosidad que lo caracterizaba, cruzó números, realizó llamados, su tarea se asemejaba a la de un estratega.  Había rescatado la siguiente información sobre la que continuaría profundizando la investigación:

Amado, Juan: Empleado de Lotería Nacional de Beneficencia y Casinos que se desempeñaba en el área de recepción  y canje de billetes premiados.
Pérez, Jorge: Croupier del Casino de Mendoza.
Toledo, Alberto: Asuntos Internos, Policía de la Provincia de Buenos Aires.  Se encontraba trabajando en el sistema “POLAD” que administraba la liquidación de los ingresos del personal que realizaba horas adicionales.
Amanda Crisel: Kinesióloga
Córdoba, Alberto: Empleado de la finca “El Mendocino”
Rial, Diego: Personal Trainer.
Suárez, Oscar: Asesor Financiero. 
Orjales, Ramiro: Secretario de Uttherson.
Uttherson, John: Abogado
Ruiz, Daniela: Gerente Bco. Mesa.

Con los  datos  grabados en su mente comenzó a procurar las vinculaciones que pudiera establecer mediante entrevistas con algunos involucrados.  Decidió comenzar con el Comisario de la seccional de donde había partido Ferranti el día del asesinato.  Se presentaría como el investigador contratado por la familia.



La versión del Comisario:

-Tome asiento por favor, señor ¿me dijo...?
-Ferranti, Luca Ferranti, investigador privado.
-¿La primera vez por esta Comisaría?
-Sí.  Tengo mis oficinas en el centro y vengo muy poco a la provincia.
-Bien, usted dirá...
-La familia Franchini me contrató para investigar lo ocurrido al Comisario, como sé que el caso está bajo su jurisdicción, me pareció que tenía que empezar por aquí.
-Usted sabe perfectamente que hay secreto de sumario...
-Lo conozco, pero también pensé que nos podríamos ayudar mutuamente, además; siendo un allegado de la familia estimo que también tendrá interés en colaborar con ellos.
-¡Por supuesto que tengo interés! Veamos en que podemos avanzar…
-¿Tiene la información de la autopsia?
-Sí, no es mucha. Sabemos que emplearon proyectiles de punta hueca.  Cinco dieron en el cuerpo del comisario.  Uno de ellos fue mortal, orificio de entrada y salida a la altura del parietal.  En el auto impactaron otros veinte.  Vinieron a destrozar al tipo.  De testigos ocasionales pudimos obtener muy poco; es una zona muy poco transitada, no hay descripciones.
-¿Se podrá ver el vehículo?
-Está en depósito judicial.  Cuando lo liberen, le aviso.  Lo voy a trasladar a mi casa hasta que lo pueda reparar.
-¿Cómo? ¿El auto es suyo?
-Sí, ¿no lo sabía?  Franchini cerró su móvil con las llaves adentro.  Le presté el mío para que fuera una corrida a buscar el otro juego.
-¡Que fatalidad! ¿Se planteó la hipótesis de que la víctima pudiera haber sido usted?
-Sí, créame que todavía me lo sigo planteando.  ¿Y usted que me puede aportar?
-Hasta ahora no tengo mucho.  Una lista de teléfonos con gente que cualquiera podría tener en su agenda: Gerente de Banco, Personal Trainer, una Kinesióloga...una tal Amanda.
-¡Ah, sí Amanda! ¡La última conquista de Ferranti!

Mientras transcurría la conversación, Luca continuaba comprobando lo acertado de su elección.  Esta entrevista le estaba arrojando mucha más información de la que suponía obtener.  Intentó responder rápidamente para no bajar la dinámica de un diálogo tan jugoso:

-Probablemente… Dejó una herencia cuantiosa.  ¿Cuánto es el ingreso de la función hoy en día?
-Alrededor de $1.600
-Esa cantidad no se condice con el nivel de vida y los bienes…
-Pero mire que la mujer sacó la grande un par de veces. Ahí debe haber plata de ella… (Respondió rápidamente el Comisario). 
Un primer pensamiento hizo que Luca desestimara el comentario: “Seguramente lo está cubriendo…”  Luego recordó la información del empleado de Lotería y Casinos y concluyó en que éste era un dato muy importante.
-¿Hay algún caso en el que Franchini estuviera trabajando que pudiera dar la pista de un posible móvil?
-No tenemos conocimiento, salvo el intento de robo que repelió hiriendo a uno.  Yo lo descartaría, eran unos rateritos.  No se tomarían tanto trabajo.
-Entonces ¿no hay móvil a la vista?
-Evidentemente, no.  Pero con la información que me acaba de aportar, por las cifras que me da a entender, mucha gente podría haber estado interesada en ello...
-Sí, es cierto

   La entrevista no agregó mucho más, pero, a  medida que avanzaban los días y la conversación se reproducía en la mente de Luca cada palabra cobraba una nueva connotación.  Evidentemente se hacia imprescindible hablar con Nidia.


La versión de la esposa:

Luca se las ingenió para transformar una visita a Claudia en un interrogatorio encubierto hacia su madre.  Compartieron café con masas en el living.  El diálogo iba y venía hacia la joven y derivaba, tangencialmente al principio, hacia Nidia.  Con los tiempos hábilmente manejados por el interrogador, la conversación fue centrándose en ella. 
A medida que avanzaba la charla, Luca iba registrando datos y respuestas que precisaba para avanzar y llegado el momento adecuado, decidió ir a fondo:
-Bueno, por lo menos tiene que reconocer su fortuna en el juego: ganó dos veces la lotería…
-¡Ah, no! Esos fueron dos favores que les hicimos a compañeros de mi esposo que no podían ir a cobrar por sus ocupaciones. Yo simplemente les hice el trámite, total el billete premiado se paga al portador…
A Luca no le hizo falta ningún otro dato: indudablemente el comisario utilizaba al empleado de loterías para averiguar en qué agencia se habían vendido los billetes premiados; luego ofrecería comprarlos, a veces pagando un pequeño plus, otras a cambio de favores y/o supuesta protección.  De esta forma él lograría blanquear dinero proveniente de actividades ilícitas.


La versión de Claudia:

    Claudia liberó a su madre apenas notó que Luca ya estaba satisfecho con los resultados obtenidos.  A solas y nuevo café mediante:
-Claudia, ¿cómo va todo con Yamila?
-Por ahora nada nuevo, en realidad no tuvimos tiempo para retomar la charla.
-¿Vos avanzaste con la investigación?
-Estuve hablando con el comisario pero como hay secreto de sumario no me pudo aportar mucho.  ¿A vos se te ocurre algo más, alguna otra línea posible de investigación?
-No se me ocurre nada. Lo más obvio para mí, insisto, es la relación con el intento de robo.
-Mirá, Claudia.  Muchas veces lo más obvio no es lo más evidente.  Pero en este tipo de casos, la experiencia me indica que hay que empezar por reconstruir el cuadro de actividades y relaciones de la víctima. Sé que pueden ser ingratas o conflictivas, a veces, pero es sumamente necesario hacerlo.
-Bueno, ¿y qué pasos hay que seguir?
-Podríamos realizar un sociograma y determinar una lista de posibles sospechosos o relaciones sobre las cuales trabajar.
-De acuerdo, empecemos.

    El trabajo se prolongó durante horas. Al tiempo decidieron hacer un alto para tomar otro café.  Claudia se ofreció a prepararlo personalmente, mientras tanto Yamila se acercó para retirar las tazas de las rondas anteriores.   Con el último pocillo de  esa noche, la charla se centró en las relaciones familiares.  Así Luca pudo saber que ésta era una familia muy reducida. Claudia no tenía relación con otras personas que no fueran su entorno directo con la excepción de un tío, que vivía en Esquel, dedicado al turismo.  Surgió que Carlos y Nidia mantuvieron una vinculación normal, con los típicos vaivenes que pueden afectar a cualquier pareja.  Con respecto a Hernán, destacó la admiración que sentía hacia su padre.  Insistió y resaltó que Hernán era muy obsecuente, al punto de justificar hasta los actos equivocados de su progenitor.  Recordó situaciones tales como respaldar el empleo de la violencia en casos no tan extremos o justificar la realización de actividades ilegales. Compartían el principio de que el fin justificaba los medios si el objetivo era atendible, como por ejemplo, el bienestar familiar.
   Ya de madrugada, el cansancio los había abatido y Ferranti decidió retirarse. Se despidieron, no como Claudia hubiera deseado, prometiéndose reencontrarse en las próximas horas.
   Por lo que tenía hasta ahora, era evidente que debería avanzar sobre cuatro líneas: Quién era o qué relación existía con el dato del empleado de lotería y casinos, el asesor financiero, la kinesióloga (evidentemente confirmada amante de Carlos) y Hernán.  Decidió finalmente empezar por lo que tenía más a mano: Hernán.  Al día siguiente se comunicaría con el Director de la Escuela para solicitarle una visita y dialogar allí mismo con él.
   El intento fue en vano.  El Director suponía que Hernán estaba en su domicilio, ya que éste le había solicitado extender la licencia por el fallecimiento de su padre… 

viernes, 29 de junio de 2012

La herencia

   Había llegado el momento de ir hasta el estudio Jurídico.  Utterson había sido el abogado de la familia por años.  Era casi parte de ella.  Despojado de las formalidades que lo caracterizaban, se relacionaba con los chicos como un padrino acortando las distancias que quería tomar entre la formalidad característica de su actividad y todos los condicionamientos que le imponían sus antepasados londinenses de los cuales había escapado al llegar a Buenos Aires.
   Los recibió familiarmente y les comunicó la situación testamentaria:
       - Nidia, por supuesto, a vos te deja la propiedad de Monte Grande y el auto.  A Hernán, los viñedos de la zona de Luján de Cuyo y una finca en San Rafael.  A Claudia, el contenido de la caja de seguridad del Banco –aquí te entrego las llaves y el número- y un departamento en Palermo en las esquinas de Canning y Santa Fe.

   Claudia y Nidia habían quedado perplejas.  Desconocían la existencia de tantas propiedades.  Suponían conocer todo de Carlos, pero  era evidente que su muerte les traía no sólo dolor, sino también varias sorpresas.  En el camino de regreso, Nidia comentó conocer la existencia de alguna propiedad.  Si bien no la había conocido en forma personal, estimaba que no tendría un gran valor.  Al mediodía, de regreso, Hernán se despidió de la familia ya que debía volver a la academia. Nidia y Estela comenzaron a planificar su descanso que se iniciaría esa misma noche.  Claudia no pudo contener su ansiedad por conocer lo que había en la caja de seguridad.  Antes de partir hacia el Banco, citó a Luca para que la acompañe.  Recordaba haber estado en esa sucursal gestionando, según su padre, la apertura de una Caja de Ahorros a nombre de ambos.  Indudablemente, se trataba de una caja de ahorros y algo más, sino se enteraría en el momento de querer operar la caja de seguridad...
   Luca la estaba esperando.  Se anunciaron, le pidieron que firmara, compararon las rúbricas con el registro y... el encargado los acompañó hasta la caja. Claudia, muy hábilmente, simuló trastabillar, para evitar que se note su desconocimiento sobre la ubicación de la misma. Entonces, el muchacho se adelantó e ingresó su llave; Claudia la que le correspondía y finalmente ella y Luca quedaron solos, ante una realidad desconocida.  Abrieron la caja y la sorpresa superó su capacidad de asombro. Ante sus miradas aparecía una cantidad enorme de monedas de oro.  (Krugerrands, acotaría Luca, que las conocía), algunas joyas familiares, resúmenes de cuenta bancarias a su nombre por cifras más que importantes y una agenda.
   De ahí salieron desconcertados.  Indudablemente, la más sorprendida era Claudia.  Su acompañante la invitó a tomar algo en su departamento.  Ella se dejó llevar, infería cómo podría continuar este encuentro.  En realidad, la intención original de Luca era ayudarla a superar ese momento.  Él sabía cómo manejar estas situaciones; ella, no tanto.  Le hablaba pausadamente, casi le susurraba.  Mientras ella se tranquilizaba y participaba en el juego de seducción, Luca ambientaba la escena con una tenue música de fondo.  Luego, todo transcurrió vertiginosa e intempestivamente.  Abrazos y caricias, besos prolongados y caricias, una camisa menos y más caricias. De pronto, se encontraron envueltos en un mar de fuego recorriendo las alfombras del departamento. El juego se prolongó por horas...
  Amaneció.  Con el desayuno, Luca  transmitió a Claudia algunos de sus avances en la investigación del caso de las prostitutas.  Le comentó que, a regañadientes, había obtenido datos de un hombre que aparecía como jefe de una supuesta organización de prostitución.  También señaló la importancia que estaba percibiendo, tanto en relación a este personaje como a su organización; que suponía con varias ramificaciones y conectada a los más altos niveles de la policía y por qué no, de la actividad política.  Claudia asoció rápidamente la aparición de la figura masculina con el hombre al que hiciera referencia Yamila, y se lo comentó.  Él supuso que la investigación podría llegar a excederlo.  Seguramente, le demandaría mucho más tiempo del que había estimado.

viernes, 22 de junio de 2012

En busca de Luca



Mastica, en silencio, la bronca de haber respondido entusiasmada a la llamada de Luca, de haber acudido a lo que para ella podría ser una cita y encontrarse con un interrogatorio cruel, como si fuera una imputada más.  Claudia regresa entristecida, con ganas de patear y romper todo lo que encuentre a su alcance…
Llueve una vez más.  Otra vez el  desconcierto surge del nuevo traspié del país, la crisis se profundiza hasta el punto de causar victimas inocentes.
Observa a través de la ventana. Medita, repasa su fracaso sentimental  y continúa sin comprender como su pareja de tres años puede haberla traicionado como lo ha hecho.  La muerte de su padre, el acercamiento a Luca que no pasa de allí… Surge una gota, es la angustia transformada en lluvia que ahora recorre su rostro.  A su lado Fiera la acompaña silenciosamente, tal como ella lo precisa en este momento, acaricia su suave cabello rojizo.  Desea estar contenida entre los brazos de ese amor que ya comienza a percibir como imposible.  Se cuestiona y se  pregunta que sentirá Ferranti por ella o si será que tiene otra pareja; todas son incógnitas que no puede resolver.
Piensa y piensa y no encuentra respuestas, su angustia se profundiza, decide llamar por teléfono a su mejor amiga: Carla.  Le transmite sus dudas, sus sentimientos le pide ayuda, una simple orientación.  Carla le aconseja tomar la iniciativa, actuar con decisión.  ¿Te interesa Ferranti? Entonces llamalo, hablale, proponele hablar, compartir…
Claudia duda, toma coraje, respira profundo marca el número, su corazón se acelera:
-“Usted se ha comunicado…”
Al borde del llanto nuevamente, respira profundo, y deja su mensaje:
-Soy Claudia, Luca, quería conversar contigo, llamame cuando puedas…
Se recuesta sobre el sillón con el inalámbrico a su lado, enciende el televisor, espera. El cansancio la vence, se queda profundamente dormida. 

viernes, 15 de junio de 2012

El error

   La charla fue interrumpida por un llamado al celular de Hernán.  Más nervioso aún, se alejaba procurando resguardar la conversación.
       -¿Y encima me llamás? ¿Qué plata, infeliz...? ¿Dónde los conseguiste? ¡Arreglate vos! ¡Yo no te pienso pagar...! ¡No, el arreglo era otro! Te saqué para que me hicieras unos trabajitos y mirá cómo me pagás. ¿Encima querés la guita? ¿!No ven televisión, manga de inútiles!?...  Mirá, Polaco: prendé la tele, enterate de la que se mandaron y desaparecé de mi vida porque si te vuelvo a cruzar, sos boleta. ¡Vos no sabes con quién te metiste!

   Mientras Hernán hablaba, Claudia ayudaba a Estela a levantar la mesa.  Igualmente logró captar algo de esa conversación.  Le llamó profundamente la atención el tono violento que empleaba su hermano para dirigirse a su interlocutor.  Además, había enfurecido y eso no era habitual en él.
   A media tarde, Nidia recorría pausadamente los corredores de la casa convocando a Yamila.  Ante la falta de respuesta, el llamado de Nidia subía de tono.  Claudia, que la había escuchado, le sugirió que la buscara en el jardín. Entonces, su madre le pidió que le hiciera un favor: llevar a Yamila al vivero, a comprar los plantines de alegrías del hogar que tanto le gustaban para que Zacarías termine su trabajo.
   Al regresar, Yamila se dirigió a su habitación y Claudia, a la suya para terminar el práctico de Sociología con la firme intención de impactar y lograr un pronto reencuentro con Luca.
   A la noche, Estela le llevó la cena a Nidia a su dormitorio.  Hernán no había regresado de la academia adonde había ido para ultimar los detalles de su regreso.  Claudia había logrado finalizar el práctico y aprovechó esta situación para lograr un nuevo acercamiento con su protegida.  La encontró en la sala de lectura del primer piso donde aprovechó para reestablecer la comunicación:
      - Yamila, te estaba buscando.  Tengo tu documentación.  Ahora sos la señora Yamila Goitía.  Mirá, este Ferranti es un genio y te hizo  el pasaporte, también.
      - ¡Ojalá lo pueda usar!
      - Sí, seguramente no pasará mucho tiempo. Luca resolverá el caso rápidamente y podrás iniciar una nueva vida.  ¿O pensás volver a lo tuyo?
      - No,  del pasado mejor no hablemos.
      - Bien, hablemos del presente. 
      - Bueno, contame cómo va lo tuyo con Ferranti.
      - Lo mío, empieza a ser lo mío con Luca.
      - Ah, la cosa empieza a tomar color…
      - Sí. ¿Y lo tuyo con Zacarías cómo anda?
      - ¿Cómo querés que ande si él viene cada tanto? Además,  ya tiene su familia...
      - Quizá vos ahora puedas pensar en hacer una familia.
      - Sí, aunque primero quisiera recuperar la mía. Hace años que no veo a mis padres ni a mis hermanos...
      - Yo me refería a formar una pareja.
      - No sé. Me da cierto temor.  Mis relaciones no implicaban ningún compromiso. Además, me tocó muy de cerca lo de La Turca, y todo por un tipo...
      - ¿Por qué, se enamoró?
      - ¡No, cuestiones laborales!
      - ¿Tuvo algún problema con algún cliente?
      - Mirá que sos curiosa, ¿eh? Ese Ferranti te va a sacar buena, al final.  No, mirá.  La Turca ya no trabajaba.  Un día apareció un tipo que se hizo cargo de todo, al poco tiempo no supimos nada más de ella.  Se rumoreó lo peor...
      - ¿Y qué explicaciones dio? ¿Ustedes preguntaron?
      - Ahí nadie pregunta nada.  Una trabaja, cobra y es ciega, sorda y muda...
      - ¿O sea que ese tipo pasó a ser tu jefe?
      - Supongo.  Aunque de cafishio, mandó a otro.  Pero no puedo contarte más.  ¡Mirá que toda esta información te va a costar muy caro...!
      - Está bien… ¿Qué estabas leyendo?
      - El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde. Estaba en la biblioteca. ¿Lo leíste?
      - No, ¿por?
      - Deberías...
Claudia no lograba comprender.  Jamás hubiera imaginado que Yamila pudiera darle recomendaciones literarias.
  Se dirigió a su habitación a ultimar los detalles del encuentro con Luca cuando sonó el teléfono:
      - ¿Hola, Claudia?
      - ¡Hola Luca! Justo estaba preparando toda la información para mañana.
      - Bueno, pero no te hablo por eso.
      - ¿Pasó algo?
      - ¿Qué tenés que hacer ahora?

  La pregunta, si bien deseada y esperada, no dejó de sorprender a Claudia quien, nerviosa, no sabía qué responder:
      - ¿Hola? Claudia, ¿estás allí?
      - Sí, perdón. Nada.  No tengo que hacer nada.
      - Estoy en Kansas, acá en San Isidro. Te espero. 
      - En media hora estoy allá.

viernes, 8 de junio de 2012

Primer informe



   Claudia le comentó el diálogo que había sostenido con la mujer, haciendo hincapié en la figura de “la Turca” y en que, por el momento, no aparecía ningún hombre ligado a la organización. Sugirió, a modo personal, que Yamila tenía mucho para decir y mucho para ocultar. Ferranti valoró las noticias que le había llevado la joven.
     -Bueno, realmente estás haciendo muy bien tu trabajo. Me comprometo a tenerte al tanto de las novedades que se puedan producir para que compartamos el caso. No te va a venir mal despejarte un poco después de lo sucedido con tu padre.
Claudia percibió el cambio e inmediatamente se acopló al tuteo, considerándolo otra forma agradable de acercamiento…
    -Sí, con respecto a eso, yo quería pedirte algo.
    -Lo que precises…
-Bueno,  ¿te encargarías de averiguar qué fue lo que pasó? La verdad es que no creo mucho en la Policía, en casa de herrero...
-Sí, ya sé, te conozco. No hay problema. Pero, ¿tenés algo que me puedas contar para empezar con la investigación, algún dato, indicio…?
-Creo que el asesinato de papá se relaciona con un intento de robo que tuvo antes de irnos de vacaciones. Él sacó corriendo a los delincuentes e hirió a uno de ellos.  Para mí fue una “vendetta”.
-A veces no todo es tan simple.  Este caso nos puede llevar un tiempo…
-No importa, sólo me interesa que tomes parte en el asunto y por los gastos no te hagas problemas.
-Sí, despreocupate. Lo podemos considerar como una contraprestación.  No te olvides que vos estás colaborando conmigo. Si llegara a necesitar algo te llamo.  Quedate tranquila.
-¿Y cómo nos organizamos? ¿Cuál es el plan de acción?
-Así me gusta, muchachita.  ¿Hablaste con tu madre y tu hermano? ¿Están al tanto de todo esto?
-No, los veo muy afectados. Con Hernán estamos considerando mandarla a descansar algunos días… 

   Se despidieron sin palabras.  Él se sentía cada vez más cómodo, ella no había podido superar el intempestivo ataque de celos que le causara el encuentro de aquella mujer saliendo del departamento.  Intuyendo lo que pasaba. Luca aclaró:
-Tal como te prometí, tengo algo para contarte: La mujer que acaba de salir era una compañera de Yamila.  También me habló de una mujer a la que conocían como “la Turca” que al principio estaba a cargo de la organización pero al crecer, la desplazaron y más tarde; nadie sabe bien por qué, la eliminaron.

   Claudia sintió un enorme alivio y logró mirar a Ferranti con la calidez creciente con la que lo venía haciendo. Éste demostraba asombro por el entusiasmo de su discípula. Había tomado debida nota de todo lo que le resultaba llamativo, tanto de las conversaciones sostenidas como de las actitudes y comportamientos de Yamila. Sospechaba, porque la experiencia le había concedido esa habilidad, que Claudia sabía algo más de lo que estaba relatando.  Esto le gustaba porque, además, le permitía reconocer que no se había equivocado en la elección.

-Claudia, tengo la documentación de Yamila. ¿Se la entregarías, por favor?
-Si Profe, cómo no.
-¿Cuándo pensás retomar las clases? Me parece que hay algún compañero que te está echando de menos.  ¿No es así?
-Puede ser, pero puede seguir echándome de menos, por lo que a mí respecta.  Tengo personas más importantes en mi vida en las que pensar ahora.  No se preocupe, en la próxima semana retomo las clases y le entrego el práctico.
-No te preocupes por el práctico, si no podes llevármelo a clases, nos encontramos y me lo das.

   Se despidieron con un beso en la mejilla.  Hubo pensamientos y deseos en común, los encuentros comenzaban a ser cada vez más gratificantes…
   Ya en la casa, Nidia continuaba durmiendo. Hernán y Claudia decidieron, no molestarla.  Almorzaron mientras intercambiaban opiniones sobre las vacaciones de su madre.  Hernán se mostraba un tanto disperso e inquieto.  Claudia no dejaba de observarlo y de llamarle la atención para decidir qué hacer. En uno de esos intentos, Hernán comentó que había pasado por el estudio jurídico donde había concretado una cita para el día siguiente con Utterson, el abogado de la familia.  Deberían ir los tres.  Luego alentarían el paseo de Nidia y Estela. Las dejarían elegir destino. Claudia coincidió con su hermano.

viernes, 1 de junio de 2012

Primer interrogatorio

   Yamila ordenaba el cuarto de Claudia cuando la vio entrar. 

     - Lo siento mucho.  ¿Cómo estás?
     - Y... ¿Qué querés que te diga? Destruida, por supuesto.  Nada hacía prever esto.  Nos tomó de sorpresa a todos. Ahora nos queda cuidar de mamá que es la más débil.
     - ¡No te preocupes, lo va a superar...!
     - Bueno. Sí, ya sé. Se va a reponer.  Pero contame cómo están tus cosas.  ¿Te sentís cómoda?
     - Estoy desconcertada. Son demasiados acontecimientos y cambios para tan poco tiempo.  Además, no te olvides que por ahora estoy condenada al encierro.  Esta casa es muy linda, tiene mucho jardín, pero ya lo recorrí mil veces...
     - Sí, con Zacarías...
     - Sí, pero no es como lo tuyo con Ferranti.
     - Y... ¿Qué es lo mío con Ferranti?  Yo soy la alumna y él es el profesor.
     - Típica novela de Corín Tellado... Si vos te querés mentir hacelo, pero algo pasa ahí...
     - ¿Y vos alguna vez te enamoraste?
     - Sí, cuando tenía tu edad. También con un profesor... No me dio bola.
     - ¡Y dale con el profesor! ¿Una sola vez?
     - Mirá, alguna vez algún cliente me simpatizó, pero...
     - ¿Vuelven? ¿Tenías clientes que regresaban?
     - Sí, alguna vez me pasó con algún extranjero.  Cada vez que pasaba por Bs. As. me pedían.
- ¿Y cómo te enterabas?
     - En los grandes hoteles hay un catálogo.  El cliente selecciona y pide...  Los conserjes tienen teléfonos.  Usualmente se comunican con lo que en el ambiente se conoce como “Cafisho”. En nuestro caso teníamos un personaje al que le decían “La Turca”.  La mandamás.  Además de decidir si te mandaba o no, se encargaba de comprobar los datos y de procurar un ambiente de seguridad para nosotras.  Siempre trabajamos para gente de buen poder adquisitivo.
     - ¿Se cobraba bien?
     - Al principio, no. Después... ¡Si “La Turca” lo hubiera sabido...!  Cuando empecé me decía que nos íbamos a morir de hambre.  En los buenos tiempos salíamos al mejor postor. Duró poco. Nos empezaron a “apretar”.  Cada vez se colgaba más gente que nos aportaba contactos, pero que también se llevaba una parte importante de los ingresos.  Era eso o nada.  Si no transabas, no podías trabajar. La Turca se resistió y así le fue...
     - ¿Hace mucho que no la ves?
     - Mejor no me hagas acordar de eso.  Me voy a dormir.  Vos también, andá a descansar que te hace falta.
     - Bueno, dale pero prometeme que me vas a seguir contando estas historias de caperucita.
     - Sí, de caperucita y el lobo...  Andá, acostate, haceme el favor.

   Claudia aceptó gustosa.  No sólo porque se sentía agotada, sino también porque había avanzado en su tarea de investigación.  Aprovecharía para ir a lo de Luca y comentarle las novedades.  Un personaje había captado su atención: “La Turca”.  ¿Se trataría de una organización de mujeres?  ¿Qué habría pasado con “la Turca”? ¿Por qué Yamila habría interrumpido la charla justo allí? Le resultaba extraño que en este tipo de organizaciones tan machistas, todavía no hubiera aparecido ningún hombre.

   El descanso había resultado realmente reparador.  El clima acompañaba la sensación de alivio.  Había amanecido soleado, con temperatura agradable.  Realmente como uno de esos días donde uno quiere hacer de todo.  Durante el desayuno, Nidia permaneció con la mirada fija en el parque.  Según Yamila, Hernán había salido temprano.  Claudia quería iniciar una conversación con su madre pero ella no respondía.  Implícitamente aceptó que era consecuencia lógica de lo ocurrido.  Estela interpretó la situación y tranquilizó a Claudia manifestándole que su madre estaría bien en unos días y que unas “vacaciones” no le vendrían para nada mal.  Ella estaba dispuesta a acompañarla. Total, ahora podía dejar a Yamila con las indicaciones correspondientes para que su ausencia no se notara. Claudia prometió hablar con Hernán. Volverían a tratar el tema por la noche.  Finalmente, decidió ir a lo de Luca.
   Al llamar a la puerta, una joven mujer le abrió y se despidió de Ferranti. Claudia, indignada, enmudeció por algunos instantes.  No se dio cuenta de que Luca le estaba hablando:
     - Hola, Claudia. ¿Algo mejor?
     - Sí.  El descanso me vino bien. 
(Luca observó en el rostro de su alumna un gesto de molestia)
- Sentate. ¿Todo bien, Claudia? (Insistió)
     - Bien, Dr. Ferranti.
   Luca percibió el malestar de Claudia.  Sabía que no tenía motivos para celarlo, pero jugaría con esta situación.  Ya tendría oportunidad de aclarar lo ocurrido. 
     - Bueno, pero contame. ¿Viniste por algo en especial?
     - Sí. Vine para comentarle que ayer a la noche tuve una charla con Yamila.
     - La discípula perfecta. Hasta el día del entierro de tu padre, trabajando...
     - No fue tan así. Cuando llegué a casa, ella estaba arreglando mi cuarto. La charla se dio sola.
     - Contame, ¿qué te dijo?
     - No se haga ilusiones, no demasiado.

viernes, 25 de mayo de 2012

El Velatorio



   Hernán no se movilizó con la agilidad que lo caracterizaba.  Llamó a Quiroz y repasó telefónicamente lo sucedido, no lo podía creer.  Estalló nuevamente en un llanto desconsolado al tiempo que se repetía, casi gimiendo: “¡¡¡No puede ser…!!!!! ¡¡¡No puede ser…!!! Sin superar definitivamente este trance se incorporó, secó sus lágrimas y se dirigió a obtener la rápida liberación de los restos de su padre.
   El velatorio se realizó  en las dependencias del Círculo de Oficiales de la Policía.  Se habían previsto todas las formalidades que correspondían para honrar a un funcionario de este nivel, muerto en el cumplimiento de su deber. Por supuesto tuvo el correspondiente ascenso “Post mortem” nombrándoselo Comisario Inspector.  El féretro era custodiado por dos agentes con uniforme de gala: chaquetilla, guantes blancos, gorra. Permanecían inmóviles, uno de cada lado, las dos horas que les correspondían hasta ser relevados.
  Nidia lucia fantasmal, demacrada –y no era habitual verla así- sino que, además;  estaba como ausente.  Tenía la mirada perdida, el cabello recogido, un par de lentes oscuros y un chal negro que abrazaba su cuello.   Si bien los hijos no ocultaban su dolor, organizaban y cuidaban todo con el mayor cuidado.  No dejaban de sorprenderse por la llegada de personas que no les resultaban conocidas, al tiempo que disimuladamente, pero sin poder evitar el efecto de la curiosidad que esto había despertado; les dirigían sus miradas   procurando lograr alguna señal o indicio que les marcara algún vínculo.
   Luca Ferranti hizo su ingreso captando la mirada de todos, venía acompañado por otra persona que Claudia identificó inmediatamente: Ignacio Gerez, ayudante de cátedra.  Indudablemente, no sólo era reconocido por su actividad como docente.   Claudia abrazó a Luca cálidamente y  ofreció su mejilla a Ignacio, convocó a su madre y hermano y realizó las presentaciones correspondientes.  Nidia seguía extraviada, ni lo miró: aceptó sus condolencias, las agradeció y se retiró hacia la recepción. Hernán permaneció en el lugar. Lo saludó, evaluándolo exhaustivamente con su mirada, y le pidió que se mantuviera cerca de su hermana.
   La familia de Carlos contenía a Nidia.  Ferranti consolaba a Claudia y observaba detenidamente a cada recién llegado.   
   Entre los  presentes se encontraban colegas de la actividad, abogados, jueces, médicos, políticos.  Se agrupaban entre ellos y evidenciaban un nivel socio económico muy elevado.  Otros grupos, menores, se diferenciaban notablemente.  Parecía gente muy humilde en su aspecto. El aroma a flores proveniente de las coronas ya era insoportable.
Luca tomó de la mano a Claudia y la llevó al exterior.
   Hernán hubiera preferido que no le enviaran flores.  Recordaba la aversión que su padre tenía por el jardín y las limitaciones que ponía a Zacarías para la realización de sus tareas. 
   Fue un velatorio prolongado y denso. El entierro fue peor.  Había dejado de llover, pero el agua había realizado su tarea.   Por suerte, el cementerio parque tenía el camino consolidado y los vehículos se pudieron desplazar sin dificultad.  La caravana era  numerosa y a pesar de la amplitud del lugar muchos vehículos tuvieron que ser dejados en la calle exterior.  Se había convenido un breve responso dado la escasa convicción de Carlos en cualquier creencia religiosa.  La institución había definido la lectura de unas breves palabras que resumirían el paso por la Fuerza, resaltando las cualidades y virtudes del difunto.  Su esposa e hijos soportaban estoicamente el momento.  Se habían separado.  Nidia y Claudia habían quedado sobre uno de los lados del ataúd; Hernán del otro.  Casi al finalizar la ceremonia, un hombre se acercó a la viuda e intercambiaron algunas palabras.  Los hijos se preguntaban quién sería.  Pero, aunque ellos no conocían a nadie de allí, supusieron que pertenecía a la familia. Ferranti, permanecía al lado de Claudia. Por momentos la tomaba del hombro, en otros de su mano.  De todas formas no  podía evitar registrar cada rostro y expresión, seguramente algún análisis posterior le aportaría algún dato de interés. Había observado varías situaciones y personas que llamaron su atención pero  tenía claro que no era momento para comentar o preguntar nada.  Hernán se les acercó y disimuladamente tomó a su hermana de la mano procurando separarla de Luca. Comenzaron a retirarse del lugar.  El sueño reparador se hacía imprescindible.  Retornaron a su casa dirigiéndose cada uno a su habitación.

jueves, 17 de mayo de 2012

Ella y él


   Claudia llegó entusiasmada al domicilio de Ferranti.  No tenía mucho, pero había cumplido con el objetivo de alojar a la testigo y ya estaba tendido el puente del diálogo que le permitiría retomar la conversación esa noche (eso era lo que ella suponía).  Luca la recibió cálida y paternalmente, perdiendo la frialdad del día anterior.  Se sentaron, la escuchó detenidamente. Reconoció y elogió lo realizado, Claudia continuó sintiendo un halo de contención.  (¿Le pasaría a él lo mismo que a ella?).  Finalmente, cuando todo hacía suponer que no había nada más que decir, él se dirigió a la muchacha:
-                    Claudia, por tu condición y ánimo creo que no estás al tanto de noticias que te van a afectar.
-                    ¿Qué pasó, Profe?
-                    Pasó algo con tu padre...
-                    ¡¿Qué le pasó a mi papá?!
-                    Tuvo un tiroteo con algunos delincuentes...
-                    ¡¿Está herido?!

   El silencio de Ferranti le dio la respuesta.  Se desarmó en un llanto desgarrador.  Luca no pudo más que abrazarla y contenerla entre sus brazos.  Ella nunca imaginó que debía perder un hombre para alcanzar los brazos de otro.  Él apoyó su cara sobre el lacio cabello y la acarició tiernamente.  Luego de tranquilizarla, ella llamó a su casa.  Estela le respondió que no tenía más información que la que estaban dando por la televisión. En la casa no había nadie.  Luca la acompañó hasta su domicilio y la abandonó en el portón de ingreso.  La insistencia de su alumna para que bajara resultó infructuosa.  Él debería regresar a la facultad ya que en media hora tendría su próxima clase.  Le prometió estar en contacto.
   Claudia no había terminado de trasponer la entrada cuando escuchó el motor de otro auto y vio que su hermano bajaba del mismo saludando con la mano al conductor.
   Se miraron y sin palabras se dijeron todo. Ambos corrieron simultáneamente al encuentro del otro. Se abrazaron como hacía tiempo no lo hacían.  Humedecieron sus hombros con lágrimas de dolor.  Yamila observaba desde la ventana de la sala de estar.  Deseaba, por los chicos, que todo pudiera aclararse.
   La esposa había llegado a la Comisaría exigiendo la atención de Quiroz.  El Comisario procuró atender de la mejor manera posible a la viuda. Tenía más información que la que había dado a la prensa. Le solicitó la autorización para realizar la autopsia. En medio de un ataque de llanto ella firmó los documentos correspondientes.  El comisario ofreció acompañarla hasta la casa.  Al llegar, se podían ver a distancia algunos móviles de canales de televisión y radios.  Decidieron ingresar con el vehículo y los cristales cerrados para no dar respuestas.  Quiroz le sugirió una guardia permanente en la casa para proteger a la familia. Nidia lo invitó a pasar, no sabía cómo contarles a sus hijos lo ocurrido.  Excusándose por la dedicación que le requerían las presentes circunstancias, el comisario prometió llamar ante alguna novedad y se fue.
   El tiempo parecía acompañar la tragedia. La llovizna se había transformado en una fuerte lluvia con viento pronunciado, la temperatura continuaba descendiendo.  En el interior de la casa, sus integrantes se habían unido en llantos y lamentos, en torno al hogar.  Fue Hernán quien, como nuevo jefe de familia, se hizo fuerte (más bien, se hizo “el fuerte”) y encaró la recuperación de Nidia y Claudia:

     - ¡Vamos! Calma, ya nada podemos hacer. Tranquilicémonos y pensemos que papá, en vez de vernos así, hubiera preferido que lo honráramos poniéndonos en actividad e investigando lo sucedido.
     - ¿Y qué podemos investigar? Si no tenemos nada.  Además, su profesión lo exponía constantemente. Ustedes no vivieron la incertidumbre diaria de no saber si regresaría a casa. Tenemos que esperar. 
     - ¿Y cómo fue? Yo estaba con Ferranti, pero no me pudo decir nada.
     - Mirá, no sé si a veces la fatalidad...  Tu padre fue a la Comisaría  por una investigación.  Cuando volvió al auto se dio cuenta de que lo había cerrado con las llaves adentro.  Quiroz le prestó el suyo para que volviera a  casa a buscar el otro juego de llaves...  En el camino, lo interceptaron y lo acribillaron... No logro entenderlo...
     - Yo creo que primero debemos tranquilizarnos y recuperarnos, tal como dijo Hernán. Ma, ¿por qué no te recostás un rato?  Total, cualquier cosa nos llaman por teléfono.
   Hernán había comenzado a transpirar y palidecer.  Fuera de sí, se levantó y se dirigió a su habitación. Nidia aceptó la propuesta de sus hijos y se dirigió a su  dormitorio. Claudia siguió a Hernán, diciéndole:

     - Hernán, nos vamos a tener que encargar de la que se nos viene:  el velatorio, el entierro, el aviso a los parientes y conocidos.
     - ¡Está bien, Claudia! ¿Me podés dejar solo?  Yo me encargo de la cochería y el entierro, vos hacé las comunicaciones.
     - Igual, hasta que no tengamos el cuerpo no sabremos los horarios.  Andá averiguando lo que puedas.  Yo voy a contactar a los parientes .
     - Bueno. Pero, por favor, ahora dejame solo
     - ¡Ya te escuché, Hernán!   ¡También era mi papá!
     - Bueno, después nos vemos…

viernes, 11 de mayo de 2012

El asesinato






   Nada más ingrato que retomar el trabajo (pensaba Franchini mientras todavía recorría las calles arboladas de su ciudad natal, aquella que amaba, que sentía propia…).  Realizó el trayecto en forma lenta, como demorando la llegada.  Pero, todo camino tiene su fin...
Al ingresar, el Sargento Juárez cumplió con el ritual del saludo.  Estaba superado por la cantidad de actas y denuncias de los últimos días.  Franchini aceleró su recorrida por el pasillo y se instaló en busca de privacidad en su despacho.  No lo logró por mucho tiempo.  Juárez irrumpió:
-Permiso, jefe. ¿Qué tal el viaje?
-Bien, Sargento, todo normal.  ¿Acá tuvieron alguna novedad del “Chaboncito” del Gandulfo?
-Mire, Jefecito.  Le juro que lo rastreamos por todos lados.  Nos habían dado la pista que era de una banda que se movía con credenciales y uniformes falsos.  Malandras de la villa 15, hicimos una redada y agarramos de todo, menos al tipo o algo que tuviera relación con el hecho.
-¿Y,,,?
-¿Qué quiere decir, Jefe?
-¿Eso solo hicieron en una semana?  En otras épocas se trabajaba distinto...
-Pero jefe, estamos superados.  Esta semana tuvimos récord de denuncias  por robos, asaltos, salideras.  No se olvide que las estadísticas indican que en época de vacaciones la actividad delictiva aumenta considerablemente. Además Jefe, mire las noticias del diario de hoy: Los desempleados llegan a 4,8millones, ¡el 18.3% de la población…!
-¡Y a mi que carajo me importa…! ¿Chequearon con Comisarías de la zona?
-Sí, con algunas...
A punto de disparar la siguiente pregunta lógica “¡¿y cuáles algunas…?!”, se contuvo para no evidenciar aún más la ineficiencia de su subordinado…
-Tiene alguien esperando. Cuando se desocupe le alcanzo los informes de la semana. 
     Se animó a decir Juarez, procurando cambiar el foco de la atención.
-¿Quién?
-Dijo que era algo privado.  Me da la sensación de que puede ser algo familiar.
-¡Que pase…!

   Juárez acompañó al visitante hasta la oficina de su jefe y al hacerlo ingresar observó en éste cierto gesto de preocupación.  Los dejó solos.  Su olfato le decía que no se trataba de un tema familiar.
   El día no tuvo otras novedades y Franchini continuó trabajando al ritmo acostumbrado.  El viaje era ya un recuerdo.  No suponía que al regresar, sus actividades "extras" le traerían más complicaciones. 
   Hernán había retomado la academia, su último año.  Le había costado la actividad física de la mañana, pero ahora vendría la ducha reparadora.  El agua fría favorecería la tonicidad muscular, así que; como de costumbre no abrió el agua caliente. No había hecho amistades, era un solitario y ya estaba acostumbrado a ello.  Tenía una posición de privilegio y él suponía que esto había contribuido a su aislamiento.  Le había pedido una y mil veces a su padre que no intercediera en sus cosas y a pesar que le había jurado y perjurado que no lo haría, sabía que estaría detrás de todo esto.  Así, cambiándose solo en la segunda hilera de lockers y mientras meditaba situaciones como ésta, fue como escuchó:
-¡Que colita, ¿ehh? ¡
-¡No te hagas el gracioso, pelotudo!, ¡colita la de tu hermana!
-Hablando de hermanas, ¡que buena está la de Franchini!
-Sí pero... ¡Olvídalo!
-¿Porqué? ¿tenés prioridad?
-No, boludo.  No te enteraste del comentario ése que dice que investigaciones internas está trabajando en el famoso Comisario de...
-¿Y? ¡A ver si va a ser la primera vez que se investigan entre ellos!
-No loco, parece que esta vez la cosa es pesada.  Se habla de una gran red. 

 ¡Que sabrán estos pelotudos….!! No conocen a mi viejo.  El sí que la tiene clara.  Seguro que algún buchón ya le paso el dato… Tendría que averiguar hasta donde llegaron ¡A ver si de rebote la ligo yo…!

Se vivían tiempos difíciles.  Era la etapa del “sálvese quien pueda”

    Hernán no atinó a nada, sólo pensaba si debería comentarle a su padre lo que había escuchado.  Prefirió callar.  Carlos tenía suficiente experiencia para cuidar solo de sus actividades, él continuaría desarrollando las propias.
   Mientras tanto, Claudia se encontraba en plena clase de Sociología. El tema del día era el desarrollo progresivo de la pobreza en el mundo desde la década del setenta hasta la actualidad. Prestaba especial atención a la exposición del admirado Profe:
 “ 4.160 millones de personas (el 75% de la población del planeta) vive con el 17% de los recursos que genera la economía mundial, 3.000 millones viven en condiciones de pobreza y 1.300 millones en situación de pobreza “extrema”, el 70% de ellos son mujeres...”
 No pudo escuchar ningún comentario más. Estaba obnubilada mirando a Ferranti con detenimiento y esperando alguna señal de su parte. No obtuvo ningún tipo de gesto. Compenetrado en su clase, se dedicó a desarrollar el contenido y a pautar el práctico que tendrían que presentar al final del cuatrimestre, en el cual deberían profundizar la investigación referida al contexto de Latinoamérica. Al finalizar la clase se acercó a él (todas las alumnas se acercaban a él) y lo saludó, no de la forma que hubiera deseado…

  Ya pasado el mediodía Nidia  regresó a su casa. Cuando ingresó por el garaje vio a Yamila en amable charla con Sacarias, casi no podía creer lo que tenía delante de sus ojos: El irascible perro recibiendo las caricias del Jardinero…este hombre parecía tener un don especial… Los saludó y le pidió a  ella  que la esperara en  la cocina. Una vez allí, le preguntó si se sentía cómoda y si ya había terminado de ordenar sus cosas.  Le respondió que Holf la había ayudado a instalarse y la había acompañado por un rato. Luego, Nidia le indicó las actividades que debía hacer por la tarde, aclarándole que podía contar con Estela para lo que precisara.
   Claudia regresó algo decepcionada por la actitud del Profe, por eso pasó por al lado de Yamila evitando saludarla, prefería no tener ningún diálogo.  Tomaría revancha.  Si Luca no estaba dispuesto a un acercamiento, ella no investigaría para él.
   Al regreso de Carlos, compartieron la cena, casi en silencio.  Sólo hubo breves referencias a las condiciones en que encararon sus respectivas actividades. Carlos comentó fastidiado las últimas novedades en materia política que continuaban recreando la permanente situación de incertidumbre que se vivía en nuestro país.  Hizo una pregunta a Claudia con relación a Ferranti que quedó prácticamente sin respuesta dada la frialdad del último encuentro.
  Luego de la cena, Claudia se sintió impulsada a comenzar  su trabajo.  Más tranquila, había recapacitado y había llegado a la conclusión de que debía responder a las expectativas de Luca, ya que ésa sería su única manera de lograr un encuentro.  No podía decepcionarlo y, además, tenía suficiente competencia como para bajar los brazos en el primer intento.  Lo haría por dos motivos: amor propio y lograr un próximo encuentro con su admirado profesor.  Del living se dirigió a la sala de estar y accedió al parque cuidando no ser observada.  Se acercó al garaje, detrás del cual se encontraban las habitaciones de servicio.  En una descansaba Estela, se aseguraría que estuviera durmiendo, y en la otra estaría Yamila.  Desde la ventana pudo observar que la habitación de Estela estaba a oscuras.  Llamó suavemente en la de Yamila quien salió cerrando súbita y sutilmente la puerta.
-¿Qué tal? Quería ver como estabas.
-Bien, no me siento muy cómoda con el uniforme, pero...
-¡Estas ideas de Ferranti! Y... ¿cómo te tratan todos?
-Bien.  Pero, bue... no resulta fácil adaptarse a otro ambiente y forma de vida, te digo que casi me siento como cuando me inicié en la prostitución…
-Bueno, no te olvides que esto es temporario.   Igualmente no me negarás que esto es mejor que tu trabajo.  Tal vez descubras que estás en condiciones de mantenerte con este tipo de actividad.
-No creas que no lo he pensado, pero no te olvides que después de esto yo tendría que desaparecer. Este es el precio por haber abierto la bocota.
-Hiciste lo correcto.  Pensá que podes estar ayudando a mucha gente. A que los colgados que viven de actividades como la que realizabas tengan que ponerse a buscar trabajo...
-¿Buscar trabajo, en este país?  Mirá, el único trabajo que van a tener es en la construcción porque si se llega a descubrir todo lo que hay detrás de esto, van a tener que crear varias cárceles.  Pero,  no va a ser así, en este país la justicia no existe.
-Sí, estoy de acuerdo, por eso abandone Derecho y cambié por Sociología…
-Espero que para vos, en un futuro próximo, las cosas te sean más favorables.  Bueno, me voy a dormir porque seguramente tu madre me va a precisar muy temprano.
Claudia aceptó la despedida, ya habría tiempo de profundizar…
   Hacía un día muy frío.  Lloviznaba intermitentemente y la ventisca  parecía  eternizarse.  Desayunaron y luego de tomar sus abrigos y paraguas volvieron a cumplir las rutinas conocidas.  Sólo Nidia prefirió quedarse ya que quería acompañar de cerca a su invitada. Recordando lo ocurrido la tarde anterior, llamó a Sacarias para decirle que ese día no se lo precisaría en la casa y que lo llamaría en la semana, luego de comprar el material que necesitaba para remodelar la decoración del jardín posterior.
   El teléfono sonó repetidamente.  La expresión de Nidia al atender era irreproducible, lucia horrorizada y consternada. Colgó y lo volvió a  tomar inmediatamente; con una actitud obsesiva procuraba comunicarse con Claudia.  No lo logró.  Luego llamó a la academia, donde el Director la tranquilizó diciéndole que ellos se encargarían de Hernán y que contaran con su apoyo para lo que precisara.  Tomó una cartera y salió rápidamente, llevándose por delante a Yamila, quien le comentó a Estela: ¿Y a la señora qué le pasa?  Nidia tomó el auto de Hernán (Fiat Uno, especialmente preparado) y se marchó tan alocadamente que dejó huellas del portón de hierro sobre la puerta derecha del auto.
   Estela, autoconvertida, en jefa de Yamila, le ordenó que limpiara la cocina.  Ella decidió sentarse en el sillón más cómodo del living.  No le resultó tan confortable, por lo que cambió por la mecedora.  Tomó el control remoto del televisor y lo encendió (¿o no tenía ganado éste privilegio?)

   “- Acá, Angel Nieto, transmitiendo para Canal 24 desde el móvil uno. Nos encontramos frente a la Comisaría de la localidad donde esperamos el informe que el Comisario Quiroz dará a la prensa sobre el asesinato a mansalva de su colega : Carlos Franchini “

-                    ¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿ Qué...!!!!???? ¡Con razón salió como enloquecida! ¡¡Qué raro que no me dijo nada?! ¿Y ahora si llaman los chicos, qué les digo?.  ¡Yo me hago la desentendida, que se arreglen entre ellos. A ver, A ver.  ¿Habré escuchado mal?

“- Acerco el micrófono al Comisario, que se dispone a dar información:
-                    Bueno, bueno; tranquilos.  Déjenme explicarles:  Siendo las 09.30 el Comisario Franchini se acercó a esta seccional a consultar el estado de un caso en común.  Abandonó el lugar a las 10.30, circulando por Diagonal Brown hacia el oeste. Luego fue interceptado por un vehículo marca Peugeot 504, color blanco que le cerró el paso y resultó embestido por otro automóvil marca Fiat en su parte posterior.  Según testigos ocasionales, los conductores permanecieron en los vehículos mientras sus acompañantes descendieron y prácticamente descargaron una lluvia de proyectiles sobre el occiso quien intentó responder el ataque sin éxito.  Falleció a las 10.55 de esta mañana.
-                    ¿Se conoce algún otro dato de los delincuentes? ¿Hay testigos? ¿Se sabe si el Comisario estaba trabajando en algún caso que pueda haber puesto en peligro su vida?
-                    Por ahora tenemos secreto de sumario.  Sólo les puedo decir que se realizarán indagatorias a los testigos ocasionales y que será realizada una autopsia.
-                    ¿Cuántos testigos son?
-                    No puedo dar más detalles.  Les agradezco su participación.  Sólo les puedo agregar que tratándose de un colega el caso nos toca muy de cerca.  Cualquier novedad les informaremos.  Gracias nuevamente.  Que tengan un buen día.
-                    ¿Dónde y cuándo serán velados los restos?
-                    Todavía no tenemos esa información.  Les repito.  Los mantendremos al tanto de toda información disponible.
-                    Gracias, Comisario.  Central, esto ha sido todo.  Nosotros permaneceremos en el lugar, si hubiera novedades estableceríamos contacto nuevamente. “

- ¡Qué despelote! Ahora vamos a tener un lío bárbaro. ¡Menos mal que ahora somos dos!

   Yamila, intrigada por las palabras de Estela, se acercó a preguntar qué estaba sucediendo. Ésta le respondió que “se habían quedado sin Jefe “.  Ante el asombro de su compañera le narró lo visto en la televisión,  cerrando la explicación con un “y bueno... quien mal anda, mal acaba”.  Yamila sólo lo sintió por Claudia.
   El Director convocó a Hernán a su oficina.  Si bien estaba preparado para dar éste tipo de noticias, sentía por su discípulo un afecto especial.  Al fin de cuentas era el hijo de un amigo.
A medida que iba intentando acercarse al desenlace Hernan tendía a palidecer.  Con experiencia en este tipo de situaciones no fue necesario que culminara con el relato,  descontrolado comenzó a gritar ¡Qué pasó con mi viejo…!!!  Consternado, solo llegó a balbucear algo inentendible mientras pensaba que podría haber ocurrido. Sabía que el director no le estaba dando toda la información. Recibió la licencia correspondiente y se dirigió a preparar sus pertenencias, estaba verdaderamente aturdido. Carlos había sido su referente y maestro.  Sabía que realizaba actividades poco éticas, pero había logrado darle una estabilidad económica y en definitiva una familia formal,  y eso era lo que Hernán más valoraba.  El Director lo trasladaría hasta su domicilio.  En los pasillos no recibió ningún comentario.  Cruzó los corredores sintiéndose atravesado por las miradas de sus compañeros…