jueves, 13 de diciembre de 2012

Tiempo Después






Varado en el aeropuerto de San Pablo,  Luca rogaba por un mejoramiento climático que le permitiera abordar el vuelo y, de esta manera, poder llegar a tiempo para acompañar a Valentino a su primer día de clases.
Llamó a Claudia inmediatamente después que anunciaran el embarque:

-Clau, estamos por embarcar, no voy a  llegar para acompañarlos, llevalo vos.  Espero estar a tiempo para que podamos ir a buscarlo cuando salga.  Te extraño, te amo mucho. Nos vemos pronto…

Una profunda angustia anudó su garganta. Hacia dos meses que recorría America cumpliendo un programa de conferencias y exposiciones universitarias.  Extrañaba a Claudia y no soportaba ver niños, en todos los varones se le representaba Valentino…
Impaciente, controlaba su reloj, el tiempo no transcurría con la velocidad que el deseaba.  Comparaba la eternidad de las últimas horas y la velocidad de los últimos cinco años sin llegar a comprender porque en ciertas ocasiones las horas corren y, en otras, se deslizan angustiosamente.
Se cuestionaba dos situaciones que mantenía pendientes: El no haber formalizado la relación con Claudia y  no haberle dicho  a Valentino que ellos no eran sus padres naturales.  Volvía convencido que debía  remediar ambas de inmediato: Le propondría matrimonio a su pareja y, luego, buscarían la manera más adecuada  para decirles a Valentino lo que habían callado hasta ahora.
Repasaba mentalmente las facciones de su hijo sin explicarse como, sin compartir la genética; pudiera tener tantos rasgos comunes a su esposa y a el. 
El aviso de aterrizaje lo relajó, no pensaría más.  Había llegado la hora de actuar.
Ya en Ezeiza, se sintió satisfecho. Tenía suficiente tiempo como para llegar a su añorado hogar, darle un beso a su mujer, un prolongado abrazo  y, quizás; algo más… Luego, ya lo visualizaba, irían tomados de la mano a buscar a Valentino.
Llamó, sin éxito, a Claudia para anunciarle su llegada.  No respondía… Quizá estuviera con Valen todavía en el colegio.  Volvería a intentarlo desde el taxi.
Nuevamente se escuchaba la llamada, pero no había respuesta…
Al llegar bajó rápidamente, dejó el equipaje en la vereda y se dirigió pronto hacia la casa.  Jack lo recibió de manera extraña, no movía la cola, lloraba como si estuviera lastimado. Al intentar acariciarlo notó sangre en su pelo… No había herida… corrió hacia la puerta, estaba abierta.
La imagen que apareció lo inmovilizó: Claudia estaba tirada sobre el piso en medio de un charco de sangre. La imagen se desdibujaba, fueron cinco segundos donde estuvo a punto de perder la conciencia.  La escena fue tan impactante que tardó en darse cuenta que tenía puesto un vestido de novia y que, quizá, todavía pudiera hacer algo por ella…

viernes, 7 de diciembre de 2012

Una nueva vida




Después de tanta angustia acumulada la llegada a Buenos Aires ofició de bálsamo para sus vidas.
El desafío era enorme pero bien valía la pena. Luca y Claudia tenían la certeza que ese era su momento. Ya no había tiempo que perder. Cuando se descubre que es imposible pasar un día más alejado de ese ser que tanto se ama, uno quiere empezar lo antes posible.
Y así lo hicieron. Llegaron a Buenos Aires después de 18 horas de viaje. Aún recordaban con emoción el encuentro, luego de su acelerado regreso, entre el padre Agustín y su hija Morena.
La joven estaba emocionalmente devastada, pero el tiempo y el amor de su padre serían suficientes para sanar sus heridas.
La imagen de ambos abrazados entre las sombras del atardecer misionero quedó fija en la mente de Claudia. La promesa de volverse a encontrar fue el mejor regalo de despedida.
La mañana en que ingresaron a la nueva casa, Luca supo que aquel paso era el comienzo de un maravilloso camino hacia la plenitud.
Claudia cargaba a Valentino en los brazos y recorría los cuartos con las pupilas que titilaban como dos fulgurantes estrellas. Todo este disfrute la hacía olvidar, al menos temporalmente, la serie de amenazas que había recibido y que, aún; no había comentado a su pareja.  Esperaría el momento oportuno.
Demoraron tan sólo un par de semanas en acondicionar el nuevo hogar.
Carla en un gesto de eterno agradecimiento los había puesto en contacto con los antiguos dueños. Amplios ventanales dejaban atravesar con generosidad los cálidos rayos de sol. Todo era luz en aquel lugar. La maravillosa luz que tanto necesitaban para olvidar las dolorosas tinieblas que habían atravesado.
Cuando Luca acomodó el último trasto, el corazón le dio un vuelco. Los ojos se le humedecieron y unas delatoras lágrimas surcaron sus mejillas.
Ahí estaban, su mujer y su hijo. Claudia sentada en su mecedora favorita, acunaba al bebé mientras le susurraba una canción de cuna.
“Quiero que te duermas como un sol, que se acuesta en un campo de trigo…”
Perplejo, observaba aquella escena y sentía que el alma se le escurría en cada palabra. Comprendió que aquel era su lugar en el mundo, que no necesitaba nada más. Que seguramente llegarían momentos de plenitud y otros de incertidumbre y coraje. Pero también sabía que Claudia estaba junto a él y que juntos podían superar todos los obstáculos.
Se acercó despacio y se arrodilló a los pies de su familia. Claudia sin dejar de mecer al niño estiró la mano y acarició la mejilla de su hombre. Sonrieron.
Entonces él se acercó a su rostro y le besó los labios con ternura.
-No va a ser fácil… -le dijo con voz traviesa.
Ella frunció el ceño y con picardía respondió:
-Nada fácil. Además te corresponde sacar a pasear  a Jack todas las noches.
Luca abrió los brazos de par en par y exclamó:
-¿Jack?
Claudia lanzó una carcajada que estuvo a punto de despertar a su hijo.
-¡Cierto! Olvidé comentarte que Carla le va a obsequiar a Valentino un cachorro precioso. De hecho llega esta tarde.
Se miraron por un breve instante. Claudia lo besó con pasión. Fue cuando Luca comprendió con infinito placer que había perdido el primer round.