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viernes, 10 de mayo de 2013

Las primeras hipótesis





El hielo permanecía inmutable ante el paso de la bebida que no lograba durar más de un giro irregular impulsado por el pulso tembloroso de Luca. El contenido de la botella llegaba a su fin y el estado consciente también.  Se entremezclaban imágenes y situaciones, ideas y elucubraciones detrás de la búsqueda obsesiva de una respuesta, un culpable. 
De pronto se habrían las enormes puertas de la iglesia y aparecía, resplandeciente luciendo su vestido de novia de la mano de su padre ¿su padre…? ¡Pero si estaba muerto…!!!!! 
Hubiera querido seguir soñando, pero no; esa máquina mezcla de odio rencor y desesperanza no se detenía.  Un fuerte rayo de luz lo había sacudido sacándolo de ese letargo en que lo había sumido el alcohol, precisaba quitarse esa terrible resaca.  Recurriría a algunas tazas de café negro y aspirinas.
Había aparecido en su mente Demian, el ex novio de Claudia, ese que la engañara cruelmente; el que le había hecho descreer en el amor.  Debería investigarlo, saber si había formado pareja… Pero no, ¿qué rencor o motivo podría tener él para con Claudia…?
Prostitución, drogas, tráfico de órganos, mafias policiales, secuestro de niños y mujeres.  ¿Por donde empezar?
Estaba convencido de haber protegido adecuadamente a Claudia en el caso de prostitución. En definitiva solo tuvo contacto con  “La Turca” con la que se había relacionado bien. En el de tráfico de órganos  habían llegado sólo hasta la primer célula.  No creía que el médico y la enfermera tuvieran la suficiente capacidad de acción como para averiguar su identidad y poder ubicarlos.  ¿Pero y si le habían pasado los datos a la organización y esta decidió cobrarse la desarticulación del “negocio”…?  Era una posibilidad.
También estaban los casos en los que pudiera haber estado vinculado Franchini.  Allí el espectro se ampliaba demasiado: a toda la actividad profesional y personal del Comisario cuya vida había transcurrido por el camino criminal y mafioso.
¿Y Hernán…? No necesariamente él, ¿pero y todos los que estaban involucrados en sus actividades, los que se vieron afectados por su encarcelamiento en el que había colaborado activamente su hermana? Allí también la situación se ampliaba tanto que era prácticamente imposible establecer una línea de investigación…
No importa, debe seguir trabajando, los tiempos se acortan, va camino a su juzgamiento y sabe que, desde la prisión que se aproxima, será muy poco lo que podrá hacer…
No puede pensar, precisa algo; la botella está vacía… Sale a comprar otra convencido que el mareo de la embriaguez lo ayudará a pensar sin condicionamientos…

                                                               Peregrino

viernes, 23 de noviembre de 2012

EL HORROR




Regresa al lugar, sabe que se ha internado por la zona exacta. Tendrá que valerse de toda su astucia para  volver a transitar el camino hecho el día anterior. Hay indicios que sólo un ojo entrenado sabe ver. Vegetación quebrada, ausencia de musgo. Evidentemente, el primer tramo, es una vía muy usada, más adelante logra distinguir alguno de los montículos que acumuló con el arrastre de su pie.
Finaliza el recorrido al llegar a un pequeño claro. Eleva la mirada hacia el estrato emergente, árboles que superan ampliamente los 20 metros, el silencio exacerba un nivel de ansiedad que roza el miedo. Se podría decir que esa parte de la selva se confabula con el instinto macabro del hombre. ¿Qué esconden? ¿Dónde? Camina en círculos. La sonoridad de sus pasos ha cambiado. Regresa. Golpea con el taco, tratando de que los sonidos sean lo menos evidentes posibles. ¡Hay algo!
Lucas ha llegado al punto que buscaba.
Le tiemblan las manos, hace mucho tiempo que no siente vértigo en el estómago, encuentra una tapa. Un ave parlante emite un aullido agudo como lanzando una señal de alerta y sin levantar la mirada de su objetivo levanta la tapa descubriendo la entrada a los secretos, que esconden los médicos, en franca alianza con la naturaleza.
La escalera es precaria pero baja con paso seguro, no es momento para titubeos.
Intenta acostumbrar los ojos a la oscuridad, el vaho a humedad, cuerpos sucios y algo similar a desinfectante lo bloquea, son segundos, intenta analizar los olores pero un golpe certero, lo deja inconsciente.
Cuando despierta el dolor en la base del cráneo es agudo pero se disipa a medida que comprende el horror que se abre paso. Hay nueve mujeres, casi niñas, prisioneras en cinco jaulas precarias de dos por uno, y que cuentan con una cama y dos recipientes, uno para higienizarse y otro para sus necesidades fisiológicas. Los rostros son vivas imágenes del tormento por el que están atravesando, sus cuerpos hablan claramente de la usurpación, el terror ha tomado hasta sus entrañas.
Hacia la derecha, perfectamente iluminada y con la asepsia necesaria, una camilla para partos, más adelante otra área de cirugías que imagina que podría ser para cesáreas o exámenes obstétricos. Los sendos frascos a los costados lo confunden. Su capacidad analítica no comprende los márgenes del horror.
A medida que pasa el tiempo, puede establecer una comunicación con las chicas que están con cierto nivel de lucidez (hay algunas sumergidas en un grado crónico de depresión, han dejado de alimentarse y hacen caso omiso de los médicos que entran llevando los alimentos, con las caras tapadas, y las obligan a ingerir pastillas que luego sabrá: son hormonas).
Son fecundadas con métodos de inseminación artificial, se las controla durante los nueve meses y cuando el desarrollo del feto está completo las obligan a parir para que dichos seres pasen inmediatamente a la sala contigua. El llanto que escuchan dura lo que demora inyectarlos para que queden en estado comatoso y puedan abrirlos con calma y extraer los órganos que tendrá como fin, abastecer un mercado negro.
Se lo cuentan temblando, llorando desarmadas en un confuso deseo por sobrevivir o morir defendiendo a sus niños que no tienen la mínima oportunidad. Delante de ellas son sacrificados, tratados como meros animales. Las imagina gritando con los brazos extendidos, clamando unos segundos para poder besarlos. La droga que las deja somnolientas y dóciles es administrada luego de la expulsión de la placenta, por lo tanto hay tiempo suficiente para ver el hecho luctuoso en el cuerpo de sus hijos. No logra escuchar la historia con objetividad. Se entremezclan sentimientos, llorar junto a ellas es inevitable.

viernes, 26 de octubre de 2012

Por Asalto




La noche había caído sobre la posada. El cielo estrellado semejaba un bello mural coloreado por las manos maestras de un talentoso pintor.
Acodada en la ventana de la habitación, Claudia no podía dejar de pensar en Luca. Los sentimientos encontrados disputaban una batalla que le minaba el corazón. La desaparición de la joven misionera la había regresado al infierno, pero la posibilidad de tentar a Luca con la investigación y el hecho de lograr una nueva oportunidad con él, no la dejaban indiferente.
Comenzó a divagar por el cuarto y decidió aguzar el oído con la intención de escuchar la actividad que se desarrollaba en la habitación contigua.
De pronto todos sus músculos se tensaron. Una vieja canción sonó al otro lado de la pared. La voz sensual de Ella Fitzgerald entonando Summertime la dejó sin aliento.
Él aún estaba despierto. Todo su cuerpo lo intuía. Un arrebato salvaje se apoderó de sus entrañas.
Decidió que aquel era el momento. Se cubrió con una manta y salió al pasillo.
Se detuvo frente a la puerta de Luca e inspiró profundamente. Golpeó dos veces y esperó.
El rostro adormilado de Luca se asomó por la rendija. La miró extrañado.
-¿Pasa algo? –balbuceó con voz ronca.
Claudia empujó la puerta y sin más lo besó en los labios. Él respondió sin titubear. Las manos hurgaban los sitios que tantas veces habían deseado. Demasiado tiempo de caricias contenidas y sabores no testeados.
Ella sentía que no podía detenerse. Lo despojó de la remera y lo arrojó sobre la cama. Enlazados en un desenfrenado abrazo, ambos rodaron sobre las sábanas.
Maravillado por la suavidad de la piel de aquella mujer, Luca supo que ya no había retorno. Comprendió que la única que vez que habían estado juntos, no había sido producto de una cuestión exclusivamente visceral.
La amaba. No podía permitirse seguir escondiendo ese sentimiento. Su pasado con Gerez era un asunto terminado. Toda esa oscuridad debía quedar atrás.
Él era el artífice de su propio destino y estaba decidido a llevarlo a cabo.
Presentía que Claudia era la mujer que la vida le estaba obsequiando.
Se miraron a los ojos y no fue necesario decir nada. Como los sobrevivientes de una tenebrosa catástrofe, se aferraron entre sí y dejaron que las emociones fluyeran plenas y desbordantes.
Se consumieron en un laberinto de frenética pasión.
El amanecer los encontró abrazados. Luca dormía plácidamente sobre el pecho de Claudia. Ella disfrutaba con los haces de luz solar que iluminaban el cabello de su hombre.
Estaba radiante. Sonrió. Ya no quedaba nada de la mujer trémula que vivía mortificada ante sus propias cavilaciones.

                                                                    Bee Borjas