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viernes, 22 de junio de 2012

En busca de Luca



Mastica, en silencio, la bronca de haber respondido entusiasmada a la llamada de Luca, de haber acudido a lo que para ella podría ser una cita y encontrarse con un interrogatorio cruel, como si fuera una imputada más.  Claudia regresa entristecida, con ganas de patear y romper todo lo que encuentre a su alcance…
Llueve una vez más.  Otra vez el  desconcierto surge del nuevo traspié del país, la crisis se profundiza hasta el punto de causar victimas inocentes.
Observa a través de la ventana. Medita, repasa su fracaso sentimental  y continúa sin comprender como su pareja de tres años puede haberla traicionado como lo ha hecho.  La muerte de su padre, el acercamiento a Luca que no pasa de allí… Surge una gota, es la angustia transformada en lluvia que ahora recorre su rostro.  A su lado Fiera la acompaña silenciosamente, tal como ella lo precisa en este momento, acaricia su suave cabello rojizo.  Desea estar contenida entre los brazos de ese amor que ya comienza a percibir como imposible.  Se cuestiona y se  pregunta que sentirá Ferranti por ella o si será que tiene otra pareja; todas son incógnitas que no puede resolver.
Piensa y piensa y no encuentra respuestas, su angustia se profundiza, decide llamar por teléfono a su mejor amiga: Carla.  Le transmite sus dudas, sus sentimientos le pide ayuda, una simple orientación.  Carla le aconseja tomar la iniciativa, actuar con decisión.  ¿Te interesa Ferranti? Entonces llamalo, hablale, proponele hablar, compartir…
Claudia duda, toma coraje, respira profundo marca el número, su corazón se acelera:
-“Usted se ha comunicado…”
Al borde del llanto nuevamente, respira profundo, y deja su mensaje:
-Soy Claudia, Luca, quería conversar contigo, llamame cuando puedas…
Se recuesta sobre el sillón con el inalámbrico a su lado, enciende el televisor, espera. El cansancio la vence, se queda profundamente dormida. 

viernes, 15 de junio de 2012

El error

   La charla fue interrumpida por un llamado al celular de Hernán.  Más nervioso aún, se alejaba procurando resguardar la conversación.
       -¿Y encima me llamás? ¿Qué plata, infeliz...? ¿Dónde los conseguiste? ¡Arreglate vos! ¡Yo no te pienso pagar...! ¡No, el arreglo era otro! Te saqué para que me hicieras unos trabajitos y mirá cómo me pagás. ¿Encima querés la guita? ¿!No ven televisión, manga de inútiles!?...  Mirá, Polaco: prendé la tele, enterate de la que se mandaron y desaparecé de mi vida porque si te vuelvo a cruzar, sos boleta. ¡Vos no sabes con quién te metiste!

   Mientras Hernán hablaba, Claudia ayudaba a Estela a levantar la mesa.  Igualmente logró captar algo de esa conversación.  Le llamó profundamente la atención el tono violento que empleaba su hermano para dirigirse a su interlocutor.  Además, había enfurecido y eso no era habitual en él.
   A media tarde, Nidia recorría pausadamente los corredores de la casa convocando a Yamila.  Ante la falta de respuesta, el llamado de Nidia subía de tono.  Claudia, que la había escuchado, le sugirió que la buscara en el jardín. Entonces, su madre le pidió que le hiciera un favor: llevar a Yamila al vivero, a comprar los plantines de alegrías del hogar que tanto le gustaban para que Zacarías termine su trabajo.
   Al regresar, Yamila se dirigió a su habitación y Claudia, a la suya para terminar el práctico de Sociología con la firme intención de impactar y lograr un pronto reencuentro con Luca.
   A la noche, Estela le llevó la cena a Nidia a su dormitorio.  Hernán no había regresado de la academia adonde había ido para ultimar los detalles de su regreso.  Claudia había logrado finalizar el práctico y aprovechó esta situación para lograr un nuevo acercamiento con su protegida.  La encontró en la sala de lectura del primer piso donde aprovechó para reestablecer la comunicación:
      - Yamila, te estaba buscando.  Tengo tu documentación.  Ahora sos la señora Yamila Goitía.  Mirá, este Ferranti es un genio y te hizo  el pasaporte, también.
      - ¡Ojalá lo pueda usar!
      - Sí, seguramente no pasará mucho tiempo. Luca resolverá el caso rápidamente y podrás iniciar una nueva vida.  ¿O pensás volver a lo tuyo?
      - No,  del pasado mejor no hablemos.
      - Bien, hablemos del presente. 
      - Bueno, contame cómo va lo tuyo con Ferranti.
      - Lo mío, empieza a ser lo mío con Luca.
      - Ah, la cosa empieza a tomar color…
      - Sí. ¿Y lo tuyo con Zacarías cómo anda?
      - ¿Cómo querés que ande si él viene cada tanto? Además,  ya tiene su familia...
      - Quizá vos ahora puedas pensar en hacer una familia.
      - Sí, aunque primero quisiera recuperar la mía. Hace años que no veo a mis padres ni a mis hermanos...
      - Yo me refería a formar una pareja.
      - No sé. Me da cierto temor.  Mis relaciones no implicaban ningún compromiso. Además, me tocó muy de cerca lo de La Turca, y todo por un tipo...
      - ¿Por qué, se enamoró?
      - ¡No, cuestiones laborales!
      - ¿Tuvo algún problema con algún cliente?
      - Mirá que sos curiosa, ¿eh? Ese Ferranti te va a sacar buena, al final.  No, mirá.  La Turca ya no trabajaba.  Un día apareció un tipo que se hizo cargo de todo, al poco tiempo no supimos nada más de ella.  Se rumoreó lo peor...
      - ¿Y qué explicaciones dio? ¿Ustedes preguntaron?
      - Ahí nadie pregunta nada.  Una trabaja, cobra y es ciega, sorda y muda...
      - ¿O sea que ese tipo pasó a ser tu jefe?
      - Supongo.  Aunque de cafishio, mandó a otro.  Pero no puedo contarte más.  ¡Mirá que toda esta información te va a costar muy caro...!
      - Está bien… ¿Qué estabas leyendo?
      - El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde. Estaba en la biblioteca. ¿Lo leíste?
      - No, ¿por?
      - Deberías...
Claudia no lograba comprender.  Jamás hubiera imaginado que Yamila pudiera darle recomendaciones literarias.
  Se dirigió a su habitación a ultimar los detalles del encuentro con Luca cuando sonó el teléfono:
      - ¿Hola, Claudia?
      - ¡Hola Luca! Justo estaba preparando toda la información para mañana.
      - Bueno, pero no te hablo por eso.
      - ¿Pasó algo?
      - ¿Qué tenés que hacer ahora?

  La pregunta, si bien deseada y esperada, no dejó de sorprender a Claudia quien, nerviosa, no sabía qué responder:
      - ¿Hola? Claudia, ¿estás allí?
      - Sí, perdón. Nada.  No tengo que hacer nada.
      - Estoy en Kansas, acá en San Isidro. Te espero. 
      - En media hora estoy allá.